La tercera jornada del Grupo 2 de la División de Honor Juvenil nos ofreció un vibrante duelo entre el Antiguoko y el Athletic Club, un enfrentamiento que prometía ser una batalla fuerte y que, efectivamente, no defraudó en emoción. El Antiguoko, dirigido por Iñigo Mendia, se presentó en Berio con la intención de llevarse algo positivo frente a un rival de la envergadura del Athletic. Desde el pitido inicial, el conjunto celeste mostró una actitud combativa, logrando cortar balones y generar un par de ocasiones claras. Los esfuerzos del equipo local se tradujeron en una primera parte sólida, donde dominaron en términos de control del juego y eficacia defensiva, impidiendo al Athletic progresar y crear situaciones favorables en ataque.


La segunda parte comenzó de manera similar, con los locales manteniendo su presión y control, pero el Athletic, aunque empezó a mostrar signos de mejora, encontraba dificultades para concretar sus jugadas. Uno de los momentos cruciales del encuentro llegó en el minuto 68, cuando el árbitro señaló un penalti a favor del Athletic. No obstante, Urko protagonizó una intervención espectacular al detener el disparo desde los once metros, manteniendo vivas las esperanzas de su equipo. Aun así, la fortuna no estaba del lado celeste. Y es que un minuto después, en una rápida transición por la banda izquierda, el Athletic logró perforar la red con un disparo impecable que dejó a Urko sin opciones. Con el marcador en contra, el Antiguoko se volcó en busca del empate, acumulando jugadores en el área rival. A pesar del espíritu luchador y la convicción, la defensa del Athletic se mostró sólida y resistente, bloqueando todos los intentos del equipo local de revertir la situación.


Por lo tanto, el partido concluyó con la victoria del Athletic por 0-1, un resultado que deja un sabor agridulce en las filas del Antiguoko. A pesar de la derrota, el equipo celeste demostró que tiene calidad y capacidad para competir al más alto nivel, mereciendo sin duda un resultado más favorable. Esto sigue, y los nuestros deberán levantar la cabeza y seguir trabajando, con la idea firme de que su esfuerzo y rendimiento en el campo no pasaron desapercibidos.